jueves, 20 de agosto de 2009

Redondo y al pie...

-¿Mirás fútbol? ¿Te atrapó el fútbol de Huracán?

-Sí, a Angel (Cappa), además de mucho afecto le tengo un gran respeto. Me dio gusto Huracán, como ver al Barcelona... Yo soy madridista pero ver a un equipo jugar así, te sentás y dan ganas. Como otros partidos te aburren y no te llevás nada, haber visto a Huracán el campeonato pasado dio gusto.

-¿Te dieron ganas de ir a la cancha a verlo?

-No soy mucho de ir a la cancha, prefiero disfrutarlo tranquilo en casa. Pero miro fútbol, me gusta.

-Una satisfacción es que se seguirá hablando sin ser campeón. Mejor salir primero, claro, pero Huracán dejó una marca.

-Sí, obviamente todos jugamos para ganar y salir campeón. La realidad es que se puede ganar y perder, no hay una lógica y no siempre gana el mismo, hay imponderables... Pero ese fútbol no te lo quita nadie. Lo que pudimos ver, disfrutar a los jugadores y al mismo Angel. Eso es lo más valioso.

-¿Qué te pareció Bolatti, el eje de ese equipo?

-La verdad es que yo no lo había visto. Y me gusta mucho. Es un jugador que entiende bien el juego, algo muy importante. Es un futbolista que recupera sin necesidad de hacer faltas, lo hace naturalmente porque se ubica muy bien en la cancha. Y también lo hemos visto hasta definir. No sólo elabora bien y es preciso en el toque y simple cuando tiene que serlo, sino que también es contundente adelante, cabecea bien y ha pateado desde afuera... Yo miro ese tipo de jugadores. Quizá al ser centro (se frena)...

-Estuviste a punto de tirar un viejazo: ¡centrohalf!

-Exacto, ja. Pero ahora es más difícil verlos. Como Bolatti, poquitos... Hoy para destacar en el fútbol argentino está Bolatti y lo haría en el Barcelona con Xavi e Iniesta, que son el motor del equipo. Ellos dan la pauta de que no hace falta ser físicamente superdotados, que se trata de inteligencia y mentalidad. Y de los conceptos futbolísticos, de cómo te formaste, creer en eso, tener gente que te apoye. Si tenés de DT a Guardiola, que se formó en el Barcelona con Cruyff, con un estilo de juego muy definido... Por eso te gusta que a esos equipos les vaya bien. Disfrutás. Cuando jugás bien la fortuna cuenta en un mínimo porcentaje. De diez partidos ganás nueve.

-El problema es que quizá perdiste el que necesitabas para salir campeón.

-Bueno, si mirás Vélez-Huracán, sin desmerecer a Vélez que hizo un gran campeonato, en el partido decisivo hay errores que no tienen que ver con los equipos sino con el árbitro. Y te lo definen... Es lo que tiene el fútbol. Ahora, a la larga, si te dan la posibilidad de ese partido jugarlo cinco o seis veces, yo creo que gana el mejor. En la sumatoria...

-O sea que creés que si lo jugaban cinco o seis veces lo ganaba Huracán.

-Yo creo que sí.

Fernando Redondo, diario deportivo Olé (20-08-2009).

Nota al Pie del Bloggista: en aquella fatidica final a Huracan se lo criticó (y se le exigió, como se le debe exigir a un Grande) por no mostrar el futbol que mostro a lo largo del campeonato. Ahora, a Velez, ¿alguien le pidió que juegue bien?. No. Las razones estan a la vista.

martes, 18 de agosto de 2009

Leccion de Vida

Por si fuera poco todo lo que hizo, Don Angel sigue mostrando su compromiso a un sueño y un proyecto. En poco mas de 5 minutos nos pinta la realidad de nuestro futbol que no es otra cosa que el reflejo de nuestra triste sociedad. Rescatando el valor de la palabra y la humildad por sobre cualquier incentivo monetario, el tipo que nunca ha ganado nada importante sigue demostrando que los triunfos y los titulos no aseguran la grandeza, sino que lo hace el accionar y el proceder a lo largo de nuestra historia y nuestro futuro. Como siempre, haciendo incapié en la educación y en la formación de los individuos como principal arma para salir adelante. Ya lo dijo Calamaro (en numerosas columnas desde el diario Crítica), no solo al futbol sino tambien a la vida de todos nosotros nos hacen falta mas tipos como Angel.


lunes, 13 de julio de 2009

Gracias Don Angel...

¿Cuál es el tu principal acierto de este ciclo?

"Respetar la idiosincrasia del club, el respeto a su significado en el
fútbol argentino. Huracán es refugio de fútbol, de bohemia, del barrio,
del tango
. Y yo lo respeté. Si hubiéramos sido cuartos, la gente también
estaría agradecida
."


El mundo de Adhemar

Estimado señor Gabriel Brazenas,

El motivo de esta carta es para agradecerle públicamente sus desinteresados gestos en favor del futuro de la mayoría de los argentinos. Sin sus dos “errores” arbitrales el domingo pasado en la cancha de Vélez, hoy nuestro país y nuestro fútbol estarían en serios problemas y, me atrevería a decirlo, sumidos en una de las peores anarquías: la de la subversión de los valores y de las jerarquías, que tan necesarios son para el normal desenvolvimiento de las instituciones de nuestra querida Nación.

Por favor, le ruego, haga caso omiso al coro de sirenas que reclaman su cabeza aquí y allá. Usted ha cumplido con su deber: usted les ha enseñado a los argentinos una lección que es preciso que nadie olvide. Ya no es pertinente volver a recordar las dos jugadas –me refiero al gol mal anulado a Huracán y el gol mal convalidado a Vélez– ni remarcar la falta de contradicción de sus fallos –curiosamente en castellano “sentencia” y “error” comparten el mismo sinónimo–, ya todo se ha dicho sobre ese tema.

Tampoco vale la pena remarcar las tintas sobre la buena muchachada del equipo de Vélez que no ha hecho otra cosa que lo que sabía hacer: correr, meter, trabar, jugar con la mayor dignidad que la eficiencia permita y convertirse así en uno de los mejores equipos del campeonato.

A lo que quiero referirme en esta carta es a la impecable, a la valiente –porque toda docencia implica un acto de bizarría–, a la inconmensurable enseñanza que usted ha impartido sin pedir nada a cambio, no sólo a los seguidores de fútbol, sino también a todos aquellos que de una u otra forma se vieron arrastrados por el tsunami de palabras que arrojaron en radios, diarios, revistas, noticieros los periodistas deportivos y de los otros –como el que suscribe esta misiva–.

Le confieso que soy seguidor del género “películas de espadeo” que incluye desde Ben Hur hasta La guerra de las galaxias sin ahorrar en Gladiador, Corazón valiente ni la aparatosa Corazón de dragón. Y una escena del filme Corazón de caballero bien ejemplifica la lección que usted nos ha impartido: en un momento en la justa –cuando la pérfida y engañosa lanza ha derribado de su caballo al plebeyo William Thatcher (interpretado por el ex carilindo y buen actor Heath Ledger)–, el Conde de Adhemar de Anjou se le acerca y desde arriba del caballo le espeta desdeñoso: “¿Qué mundo sería ése en el que un simple paje puede vencer a un noble caballero? Ese mundo no existe ni existirá jamás”.

Es posible que la frase no sea exactamente igual a como yo la transcribo, pero convengamos que las citas siempre hacen justicia poética a las frases originales. Tenía razón el malo de Adhemar: el mundo en el que él vivía y acaso en el que vivamos todos nosotros es éste: en el que un paje nunca puede vencer a un caballero, en el que Goliat siempre gana a David, Jerjes a Leónidas, Esparta siempre vence a Troya, y Roma a Masada.

Estamos en el mundo de Adhemar, claro, en el que los jefes siempre se imponen por la jerarquía antes que por la razón, donde el colectivo tiene prioridad de paso en la calle antes que el Fiat 600, donde billetera mata galán, donde las putas jamás se enamoran de los bohemios, donde los hombres nunca aman tanto como sus mujeres se lo merecen, donde “el bicho chico se enreda en la tela de araña que rompe el bicho grande”. Este es el mundo de Adhemar, en el que “cuando gritas una injusticia, la fuerza te hace callar, como dice el tango”, donde “todo es grupo y todo es falso”, donde “sólo se puede mirar con ojos llorosos y abiertos el desfile de las inclemencias”, donde no hay sargentos Cruz, ni los Jean Valjean. En este barrio, la caballería nunca te salva en el último minuto, debajo de los adoquines no existe la playa, la poesía no es un arma cargada de futuro, besar un sapo sólo te deja el amargo sabor de la baba, las princesas jamás se convierten en dragones y los “dragones no tienen pensado volver” (Nota del autor: hace rato tenía ganas de escribir alguna vez una contratapa y utilizar cuatro veces la palabra “dragón).

Y en este mundo de Adhemar, ¿cómo hubiera sido posible que un equipito de locos egregios que venían de la B pudiera ganarle la final al club que mejor hizo los deberes en las últimas décadas? ¿Por qué le iban a permitir a un hombre como Ángel Cappa –que era elocuente, que era progresista, que creía en el fútbol bonito y lo llevaba a la práctica– que se saliera con la suya? ¿Desde cuándo los poetas pueden campeonar?

Tiene razón Adhemar: “¿Qué mundo sería ése en el que la belleza puede vencer a la eficiencia y al negocio? Ese mundo no existe ni existirá jamás”. ¿O ustedes se imaginan que esos 11 muchachos batiéndose ante la adversidad, de visitantes, en inferioridad de condiciones, podían llevarse por delante al andamiaje futbolero-mercantil ?

Por eso, señor Gabriel Brazenas, le agradezco su gesto. Con apenas dos pitazos nos apagó proyector de cine y nos trajo de nuevo a la realidad: no hay Quijotes, no hay Emmas Bovary, no hay Tristanes ni Percevales. Ya que estamos con las frases célebres del cine épico, recuerdo las palabras finales, en Montecristo, de Fernando de Mondego –el malo, claro– quien al ver vencer a Edmundo Dantés –el bueno, obvio– dice: “No soportaría vivir en un mundo en el que tú lo tienes todo y yo no tengo nada” y se bate hasta encontrar la muerte.

Por eso sus dos fallos son un acto de injusticia que ponen las cosas en su lugar: un mundo en el que el Conde de Montecristo vence es un sitio poco previsible para vivir. Con Huracán campeón, ya todo era posible.

Incluso que no siempre ganaran los malos. Sin saberlo, admirado Brazenas, usted tuvo un gesto borgeano. Clausuró la larga noche de la literatura argentina. Porque el fútbol, usted lo sabe, es literatura. En nuestro pobre individualismo –un texto al que siempre vuelvo– Jorge Luis Borges escribe: “El héroe popular (del argentino) es el hombre solo que pelea contra la partida, ya en acto (Fierro, Moreira, Hormiga Negra), ya en potencia o en el pasado (Segundo Sombra)”. Y sostiene que para los argentinos el mundo es un caos y le reclama al Sargento Cruz por haber gritado que él no consentía que se matara así a un valiente y se pusiera a pelear contra sus soldados, junto al desertor Martín Fierro.

Usted, señor Brazenas, ha hecho lo contrario: se ha convertido en algo así como el anti Sargento Cruz. Se ha vuelto a poner del lado de la soldadesca y les ha dado su merecido a los muchachitos de Cappa. Gracias a usted, señor Brazenas, el lunes el mundo volvió a ser el mismo.

¿No notó cierta melancolía al otro día en los ojos de los hombres en los cafés, en los subtes, en los colectivos y en las calles? Gracias, señor Brazenas, por devolvernos la tranquilidad y la previsibilidad.

Gracias por conservarnos este mundo de Adhemares y Mondegos.


Firmado: Un hombre de bien, como usted.

Fuente: Hernan Brieza, Diario Critica de la Argentina